Gustavito, un niño redvolucionario

Pubicado el: 01 de junio de 2020

A través del Redvolución, el Ministerio TIC promueve que los niños y jóvenes compartan su conocimiento digital con quienes no cuentan con estas habilidades. Esta es la historia de Gustavo Mazo, un niño de ocho años que transmitiendo sus conocimientos le ayudó a su abuela a reinventar su negocio en tiempos de crisis.

Para muchos jóvenes, tomar una foto con el celular, escribir en Whatsapp, interactuar a través de una red social o enviar un correo electrónico, son actividades cotidianas de las que parecería imposible desprenderse a la hora de enfrentar el diario vivir. Pero, ¿estarían dispuestos a compartir sus conocimientos para mejorar la calidad de vida de los demás?, si la respuesta es sí, ya están en camino de convertirse en redvolucionarios, como Gustavo Mazo, un niño que cursa tercer grado de primaria en el Colegio El Gimnasio, ubicado en el centro de Quibdó, Chocó, y que sueña con ser futbolista o ingeniero de sistemas.

Aunque Gustavito, como le dicen en su casa, no tiene celular ya que sus padres consideran que no tiene edad para acceder al mundo digital de forma deliberada, él es quien le enseña a su abuela, Rosa Asprilla, las nociones básicas en tecnología para interactuar con su familia, sus amigas, vecinos y, ahora, con sus clientes. Gracias a él, su abuela, la "seño Rosa" reinventó su negocio y en esta época de aislamiento puede trabajar desde casa.

Rosa Isabel Asprilla, de 54 años de edad, lleva casi toda su vida dedicada al negocio del chance en Quibdó, negocio heredado, pues sus padres se dedicaban al mismo oficio. Su interés por el mundo digital nació por casualidad, "yo veía que todos en la familia hablaban mucho por el celular, se escribían a toda hora, y como el aparato que yo tenía era normalito, solo lo utilizaba para llamadas, pero una hija mía me lo cambió y ahí empecé a cacharrearlo con Gustavito", comenta Rosa. Para ella y para toda la familia fue una sorpresa conocer las habilidades del niño en el manejo de la tecnología, pero sobre todo los impresionó su capacidad de enseñar: "yo cuando veo a ese muchacho dizque a querer explicarme, no le creí mucho, porque pues tan pequeño, pero como mis hijas no tenían el tiempo, le hice caso al niño y vea, es todo un profesor", cuenta.

Lo primero que le enseñó Gustavito a su abuela fue a descargar la aplicación de Whatsapp, para que se conectara con el grupo de la familia y de las amigas del barrio y de la vida. Él, como es costumbre, todas las mañanas va a la casa de la Rosita, como le dice de cariño, y como sus papás salen a trabajar muy temprano y él estudia en la jornada de la tarde, ella lo cuida hasta el mediodía cuando él se va para el colegio. Así fue como empezaron las clases básicas de Internet, de Whatsapp y de redes sociales: "aprender eso me gustó mucho porque pude montar mis fotos en todo lado y a toda hora, me gustaba mucho ver lo que estaba haciendo la gente, pero lo que más disfrutaba era recibir y mandar chistes", menciona Rosa.

Gustavito no tiene una razón en particular para enseñarle temas de tecnología a su abuela o a quien lo necesite, tal vez es el ímpetu de su inocencia, tal vez es porque lo aprende en casa o en la escuela, o simplemente porque quiere mucho a la abuelita, como cuenta él: "me gusta que Rosita aprenda, es muy chistosa y pone fotos chéveres, aprende fácil" comentó. Cuando se le preguntó cómo aprendió sobre estos temas dijo: "viendo a mis papás, a mis primos y hablando con los compañeros y profes del Gimnasio y cuando mi mamá me presta el celular busco videos para aprender también".

Lo que la "seño Rosa" no sabía, era el alcance que tenían TIC, pues como dice ella, se venía una época muy difícil: "me preocupaba mucho esto de la pandemia cuando empezaron a decir que no se iba a salir más, porque mi negocio y mis ingresos son en la calle, y cuando Gustavito y mi hija me dijeron que el chance se podía seguir vendiendo por mensajes de teléfono, me motivé a aprender más". Ahora Rosa maneja su negocio desde casa, los contactos se convirtieron en sus clientes, y como es activa en Facebook subiendo fotos a diario aprovecha para promover su negocio. "Por esta época, como es el día de la afrocolombianidad, me hice mi peinadito afro y compartí la foto, a la gente le gustó y me empezaron a llamar más para hacerles su chance", recuerda con alegría Asprilla.

El interés de Gustavito sobre temas de tecnología creció en esta época de aislamiento, dado que ahora las clases son virtuales, pues los profesores dejan tareas a través del Whatsapp de los acudientes y los niños tienen que interactuar mucho. Con lo que no contaban los papás y la abuela del niño, era con que él ya tenía experiencia enseñando y compartiendo conocimientos a tan temprana edad. La "Seño Rosa" cuenta con orgullo que la hermanita menor de Gustavito, quien apenas tiene tres años, sorpresivamente comenzó a leer un fragmento de uno de los cuadernos del niño en frente de ellos, fue tanta la sorpresa de los presentes que le preguntaron cómo había aprendido, la niña señaló a Gustavito y les dijo: "él me enseña todos los días".

Las características que convierten a Gustavito en un Redvolucionario

Un joven redvolucionario es aquel que piensa como este niño de ocho años, que ayuda desinteresadamente a los demás y les comparte sus conocimientos digitales y de tecnología. Un redvolucionario sabe que para construir un buen futuro se requiere ser parte del cambio ahora y es consciente de que siempre hay maneras de ayudar a los demás sin importar dónde se encuentre. En resumen, un joven redvolucionario siempre tiene la iniciativa y hace la diferencia con pequeños actos que se pueden convertir en grandes causas con beneficios colectivos, sobre todo, en tiempos de crisis.

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